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CONSEJOS PARA AYUDAR A LOS NIÑOS EN LA ADAPTACIÓN A LA GUARDERÍA

  • 2 mar 2016
  • 4 Min. de lectura

Estamos en días complicados para muchos niños y para sus padres porque son días en que los niños están empezando a ir a la guardería por primera vez y días en que están haciendo el periodo de adaptación a esta nueva vida que llevarán a partir de ahora.

Aunque sea duro, el primer día de guardería los padres deben ser más fuertes que los niños. No hay que salir corriendo para que el bebé no se entere de que te has ido mientras estaba distraído, esto podría confundirles. Antes de salir por la puerta de la guardería, es necesario que los padres les digan a los niños que se marchan y que volverán más tarde a recogerle. Esto ayudará a que el niño sepa que no lo dejará completamente solo y que sus padres volverán.

No existe una receta mágica que haga que los niños entren felices y contentos a la guardería, pero sí hay algunas recomendaciones y pautas que pueden seguirse para tratar de ayudar a los niños a que este complicado proceso sea mejor o para que, como mínimo, se sientan comprendidos.

Una vez que se dice adiós, no hay que volver a coger al bebé en brazos aunque empiece a llorar. Si la despedida se hace demasiado larga le confundirá al bebé y será molesto para los padres. La maestra de la guardería irá a consolarla y cuando te hayas marchado, tu bebé se habrá distraído con juguetes u otras actividades. Es importante no irse cuando el niño esté distraído porque podría tener miedo de que no vayas a volver y que en el futuro aún sea peor cuando le dejes en la guardería y no quiera ni salir de casa.

Para ello, que decidimos establecer algunas estrategías para los padres en el momento de dejar a sus niños por primera vez:

1. Darles el tiempo que necesitan, y dejar que el tiempo haga lo suyo. Con respecto a los periodos de adaptación hay dos problemas que hacen que la cosa no acabe de ir bien: que en la guardería sean demasiado estrictos y no permitan un periodo flexible para el niño y/o que los padres no puedan hacer el periodo de adaptación tan largo como el niño requeriría, por cuestiones de trabajo.

En ocasiones el tiempo es necesario para que todos se acostumbren a las nuevas rutinas. Pueden ser un par de semanas e incluso meses para que el bebé pueda acostumbrarse y ser feliz en el tiempo que pasa en la guardería.

2. Anticiparles lo que va a pasar. Antes de que el niño comience el kínder, los padres deben anticiparles por medio de una conversación lo que va a pasar cuando él vaya a comenzar la escuela. Platicar sobre las docentes, los compañeros que tendrá, los juguetes que podrán utilizar; la idea es representar la vida en el kínder con muñecos para que ellos se anticipen a lo que va a pasar. Se puede hacer también representando personajes, el niño haciendo de sí mismo, por ejemplo, y mamá o papá haciendo de la educadora infantil.

3. Preguntar su rendimiento del día. Cuando los padres van a recoger al hijo es importante pasar unos minutos hablando con el cuidador para saber cómo ha pasado el día. Así, los padres podrán sentirse mejor si saben que se está adaptando correctamente.

4. Despidete siempre. Son muchos los niños que, por desgracia se han sentido literalmente abandonados en la escuela infantil. ¿Conocéis la amarga sensación de estar en un supermercado y darte cuenta de que tu hijo no está a tu lado? ¿Recuerdas qué se siente cuando caminas por varios pasillos y no le ves? Desaparecido. Estaba a tu lado y de repente ya no está. Luego lo encuentras jugando, tranquilo, en cualquier sitio y le dices “¡no te separes de mí, que no sabía dónde estabas! ¡Menudo susto me has dado!”.Pues es curioso que, teniendo esto en cuenta, los mismos padres sean capaces de aprovechar un momento en que el niño está entretenido para desaparecer y es aún más curioso (o absurdo) ver que son las mismas educadoras las que les hacen gestos de “vete, vete” porque han conseguido tener al niño entretenido. Es importante despedirte de él para que entienda que tú estas consiente de que él se quedará y tu volverás.

5. Comprende a los niños. Es difícil que un adulto se ponga en los zapatos del niño, pero es algo tan necesario de hacer. El deber del adulto es apoyar al niño en cualquier circunstancia de la vida, especialmente cuando lo dejas en el kínder. Separarte de la persona más importante de tu vida es muy difícil, si además esa persona es tu guía, tu referente, tu apoyo en los malos momentos, no sólo puedes sentirte triste, sino también desubicado y sin saber qué rumbo coger.

Y luego poco a poco debe ir apareciendo la educadora, esa nueva persona que le hace de guía durante unas horas, con la que debe coger confianza.


 
 
 

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